Situación del acero en 2026: cómo arranca en España y en el mundo
En España
Arrancamos 2026 con un mercado del acero en España que combina una leve recuperación de volúmenes con una presión competitiva y de costes que sigue marcando la agenda de la siderurgia. En 2024, el consumo de productos siderúrgicos en el mercado español alcanzó 13,5 millones de toneladas (+6,5%), mientras que la producción nacional subió hasta 11,9 millones (+3,7%), todavía por debajo de los niveles previos a 2019, según el balance sectorial de UNESID. Ese aumento de la demanda se explicó en gran parte por el empuje de los productos planos (+9,5%), y convivió con un dato clave para entender el inicio de la situación: la entrada de importaciones extracomunitarias creció un 20,4% y ya supera un tercio del consumo nacional, elevando el déficit comercial hasta 1.256 millones de euros (casi 3 Mt netas importadas). En paralelo, el sector recalca que el entorno internacional sigue siendo adverso y que los costes energéticos estructuralmente elevados complican la competitividad, especialmente en una industria electrointensiva. De cara a 2025-2026, la foto española no se puede leer aislada: Europa lleva varios años de demanda débil y, aun con previsiones de recuperación, EUROFER anticipa que el consumo aparente de acero en la UE habría vuelto a caer en 2025 (‑0,2%) antes de proyectar un repunte en 2026 (+3%), condicionado a la mejora industrial y a que se reduzcan tensiones comerciales. Así, en España el arranque del ciclo se parece a una carrera entre la normalización de proyectos (construcción e industria) y la necesidad de proteger márgenes frente a importaciones baratas, energía y financiación.

A nivel mundial, el punto de partida es una demanda de acero que busca suelo tras varios años de ajustes, con un mapa de crecimiento muy desigual por regiones. El último Short Range Outlook de la World Steel Association (octubre de 2025) proyecta que la demanda global se mantendrá prácticamente plana en 2025 respecto a 2024, hasta ~1.749 millones de toneladas, y que en 2026 podría rebotar de forma moderada (+1,3%) hasta ~1.773 Mt. La lectura detrás del dato es importante para entender cómo empieza la situación: China, que ha condicionado el ciclo mundial durante décadas, seguiría reduciendo su demanda (‑2,0% en 2025 y ‑1,0% en 2026) por la debilidad del mercado inmobiliario, mientras que el crecimiento se desplazaría hacia economías en desarrollo como India y varios países de Asia y MENA. Esto genera un mercado más fragmentado, donde el precio del acero y la disponibilidad dependen menos de un único motor y más de la combinación de infraestructura pública, inversión industrial y condiciones financieras. En Europa, además, la demanda débil convive con el riesgo de desviaciones de comercio: EUROFER describe un contexto de incertidumbre y volatilidad ligado a tensiones arancelarias y a la debilidad manufacturera, con importaciones que han mantenido cuotas elevadas. A todo ello se suma el factor regulatorio-climático: el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) entra en régimen definitivo desde el 1 de enero de 2026, tras una fase transitoria 2023‑2025, y afecta directamente al hierro y acero importados, introduciendo un coste ligado a las emisiones incorporadas.

Con este contexto, el inicio de la situación del acero —en España y en el mundo— se entiende como un nuevo equilibrio entre demanda moderada, competencia internacional y transición hacia un acero bajo en carbono. En el caso español, el consumo repuntó en 2024 mientras la producción nacional empezó a recuperar terreno, pero el crecimiento vino acompañado de un aumento de la dependencia exterior: las importaciones (sobre todo extracomunitarias) ganaron peso y el saldo comercial se mantuvo claramente negativo, un mensaje directo para cualquiera que gestione compras o presupuestos de obra. Además, la competitividad sigue muy ligada a la energía: UNESID ha insistido en que los costes energéticos continúan siendo un lastre estructural para una industria electrointensiva, lo que termina trasladándose a la formación de precios y a la capacidad de inversión. En el ámbito europeo, la expectativa de mejora no es inmediata: EUROFER sitúa el posible giro de la demanda en 2026 (+3% en consumo aparente), y lo condiciona a que repunte la actividad industrial y se reduzca la incertidumbre comercial. Justo ahí aparece el gran cambio regulatorio que marcará 2026: el CBAM entra en régimen definitivo desde el 1 de enero, tras el periodo transitorio 2023‑2025, y afecta al hierro y al acero importados mediante un coste asociado a las emisiones incorporadas, elevando la importancia de la trazabilidad y los datos de CO₂ en la cadena de suministro. A escala global, worldsteel espera demanda prácticamente plana en 2025 y un rebote moderado en 2026, con China aún en descenso y los emergentes tirando del crecimiento.
